fbpx

Oaxaca a Pie: Correr con Aire Libre

© Daniel Almazán Klinckwort


Escrito por Alex Dickinson, fotos de Daniel Almazán Klinckwort

Traducido por Oax Sport, con permiso del autor. Publicación original: http://citiusmag.com/oaxaca-by-foot-running-with-aire-libre/


Como muchas de mis personas y lugares favoritos, conocí Oaxaca mientras corría.

A principios del año pasado, me acababa de mudar a la ciudad de Nueva York. Me estaba adaptando a mi rutina, memorizando poco a poco mis rutas de carrera y haciendo muchos kilómetros en la caminadora, todavía no estaba equipado para el clima severo. Soy redactor publicitario en mi trabajo diario, además de maestro de yoga y corredor como añadidura.

Alguien llamado Mauricio Díaz se acercó a mí y me preguntó si podía impartir sesiones de yoga en un retiro para corredores en el centro de México.

¿Correr? Hecho.

¿Yoga? Hecho.

¿Escribir? Aquí vamos.

Mauricio, o Mau, obtuvo mi nombre de un amigo en común – gracias Max -. Mau y yo nos llevamos bien. Teníamos demasiadas cosas en común para que no fuera así. Seis meses después, estaba en la aeropista de la Ciudad de México, preocupado de perder mi vuelo de conexión a Oaxaca.

© Daniel Almazán Klinckwort

© Daniel Almazán Klinckwort

© Daniel Almazán Klinckwort


Aire Libre

Correr para conectar con el lugar parece una idea novedosa y algo de moda. Con la creciente popularidad del trail running, los viajes de aventura y el ciclismo al aire libre, la exploración a través del deporte en silencio está teniendo su momento. Sin embargo, como muchas cosas que nos gusta reclamar como propias, correr para conectarnos con la tierra y las personas es tan antiguo como el correr mismo. Es a través de esta lente que Aire Libre concibe el running. Como una práctica ancestral de explorar paisajes internos y externos, que debe disfrutarse como tal.

El grupo Aire Libre lidera excursiones de carrera por América, viajes de punto a punto con soporte en el camino. Han dirigido retiros en Chiapas en México, Patagonia en Chile y Argentina, y en los altos de Bolivia. Es importante destacar que todas estas rutas tienen alguna conexión con los pueblos indígenas que alguna vez poblaron el territorio o aún viven allí. Muchas de esas culturas fueron seminómadas y correr es parte de su ADN social.

Aire Libre busca recordar a personas que viven en América Central o del Sur sobre su cultura ancestral – de medicinas naturales, prácticas de atención plena -que incluye el correr- y comida tradicional. Y desea compartir estas culturas con foráneos, para proporcionarles de forma más precisa y correcta, una compleja imagen de los lugares y personas.

Conocí su objetivo cuando me uní con ellos. Simplemente yo no suponía sobre lo mucho que correr en un lugar durante una semana, podría cambiarte a largo plazo. Hay algo en el paso de carrera, especialmente en las montañas, que lo convierte en una herramienta perfecta para el descubrimiento y el autodescubrimiento simultáneos.

No soy el primero en pensar esta idea. Emerson y Thoreau escribieron extensamente al respecto. Aunque ellos hicieron referencia a una caminata rápida -lo suficientemente lenta, pero lo suficientemente dinámica, para mantener tu cerebro trabajando en problemas difíciles. Activo y meditativo- y ahora, estamos viendo demostrado por la ciencia occidental, el efecto neurológico particular que la actividad tiene.

© Daniel Almazán Klinckwort


Oaxaca a Pie

Oaxaca es montañoso. Lejos de las playas que conforman la imaginación estadounidense de México, corrimos en las tierras altas, a menudo por encima de los 3,650 metros de altura. A mí me parecía como el norte de Sierra Nevada, hasta que pasé por una enorme planta de agave junto a un sendero. Fue uno de los lugares más impresionantes en los que he estado.

Hicimos nuestro camino de una villa indígena a otra, a las que Mau se refirió como los pueblos Mancomunados, los cuales son completamente independientes del gobierno mexicano. Se trata esencialmente de pueblos de montaña donde la gente se centra en vivir de forma sencilla y cercana a la tierra. Las actividades al aire libre como el senderismo, el ciclismo de montaña y el trail running son simplemente parte de la vida, una forma de traslado.

Conocimos personalidades en el camino. El fabricante de mezcal y sus hijos que dirigen la marca y la distribución. Conocimos a cocineros increíbles en cada pueblo, que nos trajeron rondas de tortillas mucho después de que hubiéramos limpiado nuestros platos. A Carlos, el joven ganadero que corría para supervisar su ganado luego llevaba a sus hijas a la escuela por una subida de 300 metros cada mañana antes de reunirse con nosotros para cargar a lo largo de kilómetros de cerros.

Una mañana, comenzando a correr, pasamos junto a los abuelos de Carlos y nos detuvimos para escuchar historias de corredores de su tribu zapoteca que se dirigían a ciudades lejanas a pie. Todos ellos fueron personas orgullosas, amables, generosas y sonrientes.

© Daniel Almazán Klinckwort


De Latuvi

Nuestra carrera más formal fue en nuestro segundo día en las montañas, nuestro tercer día completo en el viaje.

Al salir, sabíamos que el camino era relativamente plano, lo que nos permitiría acumular distancia. Me estaba curando de una rodilla inflamada debida a una vergonzosa caída relacionada con una aceleración repentina durante un recorrido en solitario de 17 millas en mi primer día en la ciudad de Oaxaca. Sin dolorosos descensos de esa ruta en particular, pensé que podría estar con el grupo líder durante la mayor parte del segundo día.

Era un sendero antiguo y sagrado utilizado por los zapotecas para viajes de larga distancia y transportación. El sendero sigue el cauce del río a través del valle. Se conoció como el Sendero de las Lágrimas debido a que los españoles llegaron a obligar a los indígenas a transportar materiales a través de él. En el camino escucharíamos de Mau, las historias de los costos del imperialismo.

No pude evitar sentirme como un intruso. Soy descendiente de las mismas culturas conquistadoras. Fue un sentimiento extraño. Me surgieron preguntas serias mientras corríamos. Sé que los errores no se pueden corregir, pero ¿cómo puedo escuchar mejor, ver las cosas por fuera de mi propia cosmovisión estrecha y buscar servir a las personas increíbles que me recibieron con tanta amabilidad en sus hogares?

Aire Libre actúa con intención sobre cómo maneja esta idea. Trabajan en cercana colaboración con las comunidades, con el objetivo de crear un nuevo tipo de turismo que, en lugar de ser invasivo, sea inclusivo y respetuoso. Consideran importante conectar a las personas de forma abierta y respetuosa.

Después del viaje me dijeron que el beneficio era en ambos sentidos. Las personas en las comunidades no solo están felices de tener visitantes, sino que también aprenden mucho de las historias que comparte Aire Libre. Cuando se hace adecuadamente y por las razones correctas, hay forma de echar abajo la idea tradicional de “turismo” y reemplazarla por algo más significativo. Todavía estoy impresionado por su intencionalidad.

© Daniel Almazán Klinckwort

© Daniel Almazán Klinckwort


En la Sierra Norte, plano es un término relativo. Tomamos el ritmo para subir los cerros y bajar las cuestas al mismo paso. Yo, Mau, Carlos y un corredor británico llamado Shane salimos al frente. Mau, que daba alaridos como un salvaje, nos metió a todos el espíritu de manada corriendo por el bosque como animales. Nos detuvimos un par de veces para que pudiera contarnos una historia sobre un artefacto cultural: un puente antiguo o un escondite para los zapotecas mientras luchaban contra los españoles.

Probé el suelo en un descenso, haciendo medio split y rompiéndome la rodilla ya hinchada. Eso pondría freno a los días restantes de carrera, pero dejé que la adrenalina me llevara el resto de ese día, sincronizándome con los pasos de todos mientras salíamos del cañón por senderos perfectos, cada uno de nosotros respirando con dificultad. Estábamos completamente ejercitados cuando regresamos a los caminos planos.

Cuando doblamos la curva y vimos la población, estallaron fuegos artificiales. Algunos pensaron que Mau había organizado una gran entrada, pero era la fiesta del santo patrón del pueblo. Nos estiramos en el césped del templo central, luego bebimos cerveza fría y vimos un desfile y un baile ceremonial. Almorzamos al sol, poniéndonos al día con el resto del grupo sobre la travesía y contamos historias, con Mau traduciéndolas a Carlos. Mau bromeó sobre haber establecido un récord ese día en nuestra ruta. Nos habíamos puesto las pilas.

Subimos a lo alto del templo y nos sentamos en el techo, mirando hacia la Sierra Norte, donde se dibujaba el trayecto de nuestro camino de regreso a las montañas. Pudimos ver otro pueblo en la cima de un cerro. Le pregunté a Mau si iríamos allí. No en este viaje, respondió. La próxima vez.
Compartir

Agregar comentario

Deja un comentario

facebook
twitter
instagram
youtube
linkedin
Oax Sport